viernes, 27 de junio de 2008

jueves, 19 de junio de 2008

Pequeña mudanza

Días de cambio, la verdad. Me he dado cuenta que han pasado cuatro años, que en el fondo he regalado. Y que no me han servido para nada (es un decir). No es un tono fatalista. Sólo estaba haciendo balance, de nuevo. Cuatro años ya que han pasado demasiado rápido, y que probablemente, los próximos cuatro pasarán igual. En tanto y en tan poco tiempo he conocido a un montón de gente que sin duda han entrado en eso que llaman el círculo de amigos. Porque es verdad lo que decía un amigo el otro día (Adri, te plagio), y que leí en su blog: esto es la "crisis del cuarto de vida". Porque lleva razón al decir que cada vez el círculo de amigos se hace más pequeño, que cada vez se selecciona más y mejor (en teoría). Porque cada vez es más difícil eso de verlos a todos juntos, conseguir cuadrar tantos horarios (al fin y al cabo, son 24 horas que no se pueden estirar). Las multitudes de amigos incomodan, y cada vez se disfruta más de esa cerveza, o ese café, en el que charlas un rato y te pones al corriente de lo rápido que pasa el tiempo, quizás más en plan íntimo, dos o tres personas, como mucho. Ya no prefieres salir en manada, sino aprovechar buenos momentos con personas concretas. Socializar como antes, en el colegio, en el instituto, ya ni lo recuerdas: ahora en la Facultad todo el mundo va con prisas (siempre tú la primera), la cafetería quizá sea el único punto de encuentro en el que cruzas palabras (distintas) a las materias de clase. Era cómodo ir de excursión, salir a jugar al patio, disfrutar al fin y al cabo, en grupo. Pero te empiezas a dar cuenta que mientras algunos eran verdaderos amigos otros no eran tan especiales después de todo. Te empiezas a dar cuenta de que algunas personas son egoístas y que, a lo mejor, esos amigos que creías cercanos no son exactamente las mejores personas que has conocido y que la gente con las que has perdido contacto resultan ser amigos de los más importantes para ti. Son los que regresan, o los que se van y vuelven. Somos todos, al fin y al cabo. Son quizás las nuevas personas que aparecen. Ahora ríes con más ganas, pero lloras con menos lágrimas, y con más dolor. Te rompen el corazón y te preguntas como esa persona que amaste tanto te pudo hacer tanto mal. O quizás te acuestes por las noches y te preguntes por qué no puedes conocer a alguien lo suficientemente interesante como para querer conocerlo mejor. Pareciera como si todos los que conoces ya llevan años de novios y algunos empiezan a casarse. Quizás tú también amas realmente a alguien, pero simplemente no estás seguro si te sientes preparado para comprometerte por el resto de tu vida. Los ligues y las citas de una noche te empiezan a parecer baratos, y emborracharte y actuar como un idiota empieza a parecerte verdaderamente estúpido: evidentemente te haces mayor y empiezas a evitar ver pasar la vida por un tamiz de sueños. Salir tres veces por fin de semana resulta agotador y significa mucho dinero para tu pequeño sueldo. Miras tu trabajo y quizás no estés ni un poco cerca de lo que pensabas que estarías haciendo. O quizás estés buscando algún trabajo y piensas que tienes que comenzar desde abajo y te da un poco de miedo: ¿quién no tiene miedo al empear cualquier proyecto nuevo?, por pequeño que sea el proyecto. Tratas día a día de empezar a entenderte a ti mismo, sobre lo que quieres y lo que no. Tus opiniones se vuelven más fuertes: o al menos consigues cambiar sentimientos de duda y culpabilidad por otros. La inseguridad se tercia en una seguridad abrumadora: mañana te comes el mundo. Y pasado, y al siguiente. Ves lo que los demás están haciendo y te encuentras a ti mismo juzgando un poco más de lo usual porque de repente tienes ciertos lazos en tu vida y adicionas cosas a tu lista de lo que es aceptable y de lo que no lo es: es evidente, claro que sí. Ya no te comportas como un niño o una niña. Porque ves que los padres dejan de estar tan pendientes como cuando jugabas en el parque: ahora las caídas se pagan más caro que un simple golpe con el balancín. Por eso, porque ahora eres tú quien cuida de tí mismo. A veces te sientes genial e invencible, y otras... solo, con miedo y confundido. Te cuestionas cosas que antes dejabas de lado, porque otros lo harían. Vives como en una montaña rusa, subiendo y bajando. Al fin y al cabo, andando poco a poco se hacen caminos muy largos, no hay duda. Yo llevo caminando poco, pero sin duda recorreré miles de senderos. De repente tratas de aferrarte al pasado, pero te das cuenta de que el pasado cada vez se aleja más y que no hay otra opción que seguir avanzando. Y sólo miras hacia atrás para buscar entre los recuerdos alguno que haga que te sonrías de nuevo: esos pequeños detalles que te alegran la vida, ese dèja-vu... Al fin y al cabo, son los cimientos de tu vida. Ahora te preocupas por el futuro, préstamos, dinero, estudios... y por hacer una vida para ti: una familia. Y mientras ganar la carrera sería grandioso, ahora tan solo quisieras estar compitiendo en ella. Muchas veces pasas malos ratos, pero no debes (no debemos, mejor dicho) olvidar que tras el diluvio, viene la calma. Aunque las lluvias que la preceden te hagan pensar que jamás volverás a ver brillar el sol entrando por la ventana, haciendo sortilegios por atravesar nubes y contaminación. Pero ocurre. Todo vuelve a tener una luz que no recuerdas haber visto desde hacía tiempo, en Florencia. Y persiguiendo esa luz caminas de nuevo por la vida. No debemos desaprovechar los mejores momentos esperando. Lo que puede que no te des cuenta es que todos los que estamos leyendo esto nos identificamos con ello.Todos nosotros tenemos 'veintitantos' y nos gustaría volver a los 15-16 algunas veces. A esa seguridad de antaño.
Sin duda estoy de mudanza: cambio, ajusto, reajusto. Vivo. Por compases agrupo momentos.Ahora parece ser un lugar inestable, un camino en tránsito, un desbarajuste en la cabeza, las prisas por vivir y quemar etapas... pero sin duda alguna, es la mejor época de nuestra vida. Dicen que estos tiempos son los cimientos de nuestro futuro. Parece que fue ayer que teníamos 16... y ahora rozamos los veinte, cuando menos. Tiempo que vale oro. Sin duda, amigo, llevas toda la razón al decir que la vida no se mide por las veces que respiras, sino por todos aquellos momentos que te dejan sin aliento...

Tengo, una vez más, la canción perfecta para este texto. The Fray "Over my head (Cable car)". Te la dedico.

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sábado, 7 de junio de 2008

Actualización rápida, que es gerundio...

Pues sí. Las prisas. Aún tengo que ponerme a redactar las gloriosas hazañas del viaje a Roma y los paseos y despistes por la bella città, para disfrute del gran público: lo mismo me tome la licencia de incluir alguna que otra foto. Pero aún no, que ahora que se acercan los exámenes (que en el fondo no dejan de ser eso: exámenes), priorizo un poquito. Saludos a todos...